EN CAMINO HACIA LA PASCUA...
¡Hola, amigos! Otra vez nos encontramos a través de este BOLETIN PARROQUIAL, al comienzo del año escolar y en camino hacia la Pascua de Jesús y nuestra Pascua del 2010, año del bicentenario en nuestra patria...
La lectura del Evangelio según san Mateo (6, 1-18) del miércoles de ceniza nos recomendaba realizar: la limosna, la oración y el ayuno en secreto. “Y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará”, corrobora el texto al final de cada uno de esos actos (versículos 4, 6 y 18).
Al insistir en la realización de estas obras de piedad en relación con Dios, a Jesús le interesa que nuestra justicia sea mayor que la de los escribas y fariseos, para que podamos entrar en el Reino de los cielos (Mt 5, 20).
Esta advertencia el Maestro la hace dentro del sermón de la montaña (Mt 5-7), donde se presenta como un nuevo Moisés dando al pueblo una nueva ética para vivir en relación con Dios y con el prójimo.
La justicia siempre es “relacional”, pero desde su venida más allá de la Ley y los Profetas (Mt 5, 17-19), Jesús nos enseña que no se trata de una observancia estricta y meticulosa, al estilo de los judíos más observantes, sino de una fidelidad amorosa a Dios y, por El, con aquellos con los que nos relacionamos diariamente.
De entrada en este capítulo se nos observa: “Cuídense de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendrán la recompensa del Padre que está en los cielos” (Mt 6, 1).
De modo que, más allá de un enfoque legalista, se nos invita a tener una actitud de gratuidad, que esté fundada en la infinita bondad y paternidad amorosa del Padre Dios.
Jesús nos aclara que para orar no hacen falta muchas palabras, “porque el Padre de Uds. sabe lo que necesitan antes de que se lo pidan” (Mt 6, 8). Nos inculca que sepamos hacer algunos sacrificios: el ayuno, unido a la oración, y que nuestra ayuda al prójimo: la limosna, fruto de esas privaciones, sea hecha según el Espíritu, ya que todos somos deudores de Dios...
El punto culminante del capítulo 6 de san Mateo es: “Busquen el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se les dará por añadidura” (versículo 33). Así al Padre Dios le corresponde el primer lugar y para servirlo es preciso hacerlo con un corazón indiviso.
Benedicto XVI nos propone que en este itinerario espiritual que nos lleva a la alegría de la Pascua del Señor nos acompaña y sostiene toda la Iglesia, con un programa de vida espiritual y la gracia de los sacramentos. ¡Adelante, entonces...!
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